ANTHROPOS

Información epidemiológica.

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En nuestros días asistimos a una verdadera explosión de actividades informativas. Internet ha logrado lo impensable hace un par de décadas: construir una red capaz de integrar todo tipo de datos escritos, visuales, en una palabra, audiovisuales. La rapidez de la transmisión se duplica cada pocos meses, y cualquiera con un simple ordenador, y cada vez más con un simple aparato de telefonía celular, puede disponer en cualquier momento y lugar de cientos de millones de informaciones. La saturación informativa es impresionante, hasta el punto de hablar de una verdadera censura por exceso de información. En efecto, hoy día es difícil seleccionar en la red los datos verdaderos de lo que no es más que simple basura en forma de bits.

A este influjo y tendencia crecientes no podría sustraerse la epidemiología y las ciencias biomédicas en general. Miles de páginas sobre recomendaciones médicas, presentaciones de estudios más o menos científicos, datos de dudosa procedencia, estadísticas hábilmente presentadas, intoxicación informativa articulada por intereses que van más allá de los propiamente gubernamentales, pueblan y circulan impunemente por internet y todos los demás medios informativos. Los verdaderos hechos epidemiológicos, la realidad pura y muchas veces alarmante, queda escondida e inaccesible para el común de los ciudadanos, que se conforman en demasiadas ocasiones con ejercer una pequeña crítica de baja intensidad. Esta conducta humana se manifiesta principalmente en las ciudades y grandes metrópolis, y viene a formularse como la capacidad de cualquier persona para ejercer una crítica determinada ante una situación sobre la que no está de acuerdo; pero sin que dicha acción permanezca en el tiempo. Podríamos enunciarlo como un “enfado puntual”. Y tiene que ver con lo que algunos economistas han bautizado como “racionalidad de baja información”; es decir, una forma de comportamiento humano en la que el individuo toma decisiones de forma instintiva, casi intuitiva. Estas conductas son típicas a la hora de votar en unas elecciones, por ejemplo. Pero también impregnan nuestro cotidiano existir, es más, constituyen la base esencial sobre la que trabajan expertos en publicidad y manipulación informativa.
En la actualidad los estudios epidemiológicos constituyen una disciplina sumamente complicada, habida cuenta de la creciente complejidad del mundo: turismo, movimientos migratorios masivos, tráfico ilegal y legal de especies animales exóticas, estilos de vida, aditivos alimentarios, alimentos transgénicos, etc., vienen a ofrecer nuevos yacimientos de enfermedades olvidadas y de otras que están apareciendo con inusitada fuerza y frente a las cuales pocas defensas tenemos.
El problema ya no es el cáncer en sí, por ejemplo, a pesar de que sigue originando una altísima mortalidad. El problema está en patologías apenas estudiadas que pueden asociarse a la sobreexplotación de los recursos naturales y a las nuevas formas de vivir en Occidente, principalmente. La percepción que el ciudadano corriente tiene sobre la salud es la de que estamos más sanos que antes y que vivimos más años y con más calidad; pero no existe inquietud ante lo que está por llegar: enfermedades devastadoras, con un poder de propagación nunca conocido, y capaces de aniquilar literalmente miles de vidas en poco tiempo, cuestión que puede acelerarse con la impresionante –y espeluznante- industria militar.
La epidemiología, como disciplina encuadrada en la Salud Pública, debe prevenir y presentar posibles escenarios de epidemias antes desconocidas, debe ofrecer una información clara y transparente de la distribución de enfermedades, deben divulgarse los estudios serios entre la población. En definitiva, debe tratar de romper esa “racionalidad de baja información” en los ciudadanos, con la finalidad de que surjan movimientos capaces de frenar no sólo el deterioro medioambiental del planeta, sino la masificación de creencias, costumbres y estilos de vida que ponen en grave peligro la propia vida humana.

Marzo 25, 2008 - Publicado por J. L. Nava | Salud pública | , , , , | No hay comentarios

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