Salud y contaminación: ¿relación o causalidad estricta?
Leo en el último número de la revista Investigación y Ciencia un artículo sumamente interesante titulado “Dificultades de la epidemiología laboral“, firmado por Carole Bass, periodista especializada en investigaciones sobre salud pública.
El artículo recoge de forma clara y concisa los resultados -aún provisionales- del mayor estudio sanitario jamás realizado en entornos industriales, así como la metodología utilizada, en gran parte novedosa (por ejemplo para el tratamiento informatizado de los datos). En concreto, se han investigado durante siete años casos de cáncer cerebral entre los trabajadores de Pratt & Whitney Aircraft en Connecticut (USA). Los datos médicos de cerca de un cuarto de millón de empleados a lo largo de medio siglo, han sido investigados. Aún no hay resultados concluyentes, pero parece claro que “algunos cánceres del cerebro tienen un origen laboral. Pero la única causa comprobada es la radiación ionizante que generan algunas operaciones de Pratt & Whitney. Por lo demás, anteriores estudios habían señalado elevados índices de cáncer cerebral entre quienes trabajaban con ciertos metales, aceites industriales y disolventes, pero no se ha podido reproducir fehacientemente estos resultados.”
Más adelante la periodista concluye afirmando que “es probable que el estudio de Pratt & Whitney, como tantas otras investigaciones sobre la salud en centros de trabajo, no llegue a conclusiones.” Y señala las dificultades de la epidemiología para demostrar una causalidad estricta entre exposiciones ambientales y efectos sobre la salud, sobre todo a la hora de abordar la evolución de una enfermedad neoplásica que suele tener un periodo de latencia de muchos años, incluso décadas.
Sin embargo, esta crítica que realiza la autora del artículo no corresponde exactamente con la realidad. La epidemiología, como disciplina científica, trata de ofrecer evidencias empíricas y demostrables sobre su objeto de estudio. En este sentido, la causalidad entre enfermedad y agentes ambientales es abordada desde una perspectiva múltiple: primero es el estudio epidemiológico de campo, que nos ofrece “pistas” de los mecanismos implicados en la enfermedad y su desarrollo y transmisión; después el diseño experimental para verificar las hipótesis enunciadas y, por el último, el análisis de datos, con la finalidad de ajustar todas las variables estudiadas y obtener resultados concluyentes. Este proceso es lento, complicado, pero de una tremenda efectividad, más aún cuando la epidemiología está beneficiándose de nuevas técnicas analíticas y matemáticas, y del concurso de otras disciplinas emergentes como la epigenética.
El estudio de Pratt & Whitney no sólo se quedará en el abordaje epidemiológico, sino que profundizará en los mecanismos genéticos, ambientales y sociales que influyen en la aparición del cáncer entre los trabajadores estudiados y ofrecerá nuevas herramientas de investigación epidemiológica. En sí mismo no representa una novedad, pues al menos desde la década de 1980 tenemos constancia del factor causal cáncer y ambiente; pero sí aportará pruebas concluyentes en esta dirección.
























