ANTHROPOS

¿La moda como enfermedad mental o la enfermedad mental como moda?

moda.jpg

Los tiempos actuales son sintomáticos de nuevas enfermedades -o cuando menos actualizadas- asociadas a la forma de vida moderna. Los antropólogos buscan en la génesis y desarrollo de las culturas causas concretas para que algunas patologías prosperen, su “epidemiología cultural”, por decirlo así; pues lo biológico, por sí solo, no puede tener éxito continuado en el ecosistema humano. Los “estilos de vida”,las modas impuestas, los comportamientos más o menos estereotipados y homogeneizados, acaban definiendo, a la postre, el éxito o fracaso de una enfermedad, especialmente de aquellas relacionadas con el cerebro.
Las enfermedades mentales se disparan, en efecto, como podemos constatar en las estadísticas: entre un 2-3% de la población total,incluso más,posee una alteración psicológica - psiquiátrica. Es evidente que los diversos planes de contención fracasan y que el problema, lejos de resolverse, empeora.
En España, la situación resulta muy preocupante. Tenemos algunos indicadores que así lo constatan, como el consumo de determinadas sustancias. Así, según un estudio realizado por J. García del Pozo y colaboradores, publicado en la Revista española de Salud Pública, del año 2004 (nº 7 8) “La utilización de ansiolíticos e hipnóticos creció desde 39,71 DDD (dosis diarias definidas) por 1.000habitantes y día en1.995 a 62,02 en 2.002″. Y, desde entonces hasta finales de 2.007, esa cifra no ha dejado de aumentar; en concreto, y sólo hablando de fármacos ansiolíticos (reductores de la ansiedad), el consumo se ha disparado un 40% en los últimos cinco años. Cifras parecidas se están alcanzando en otros países desarrollados.
Con respecto a diagnósticos psiquiátricos, y sólo a modo de apunte,diré que 1 de cada 4 ciudadanos ha sido diagnosticado de alguna enfermedad mental, o lo será en un futuro cercano, especialmente entre aquellas personas comprendidas entre los 26 y loas 45 años de edad.Muchas otras personas nunca serán conscientes de que están enfermas y,por tanto, no tendrán ningún tipo de tratamiento, salvo en las etapas avanzadas de la enfermedad, cuando el deterioro cognitivo resulta irreversible.
Estos son los hechos y las cifras. que ponen sobre la mesa del especialista médico y, sobre todo, del político en temas sanitarios, un problema social de una complejidad abrumadora.
Recuerdo que en la España rural de hasta hace unos años estaba casi institucionalizada la figura-a veces patética- del “loco del pueblo”.Cada pueblo solía disponer de su “loco”, igual que tenía su alcalde, su cura o su maestro. Era éste,el loco, un hombre generalmente de familia poco acomodada y, por consiguiente, sin recursos económicos para apartarlo de la “vida pública”; no siempre se trataba de situaciones semejantes, por supuesto, pero muchos obedecían a este rasgo sociológico.
De alguna manera, la enfermedad mental -siempre presente en las comunidades humanas- se proyectaba en exclusiva sobre una figura, una persona, a modo de catálisis permanente, o quizá como “arquetipo colectivo” donde las locuras de todo el pueblo quedaban diluidas en la”locura oficial”del demente de turno. Muchos de estos pacientes -cuando la enfermedad avanzaba y el deterioro podía hacer peligrar la seguridad propia o ajena- eran hospitalizados, internados o confinados más bien en los llamados “manicomios”, muy cuestionados por psiquiatras como González Duro y otros, que ya, en el año 1972, ponen en duda la eficacia de estos establecimientos sanitarios.
En 1.986 se desarrolla la Ley General de Sanidad con numerosas propuestas de asistencia primaria para los enfermos mentales, supresión de manicomios, creación de servicios sociales de apoyo, etcétera.
De nuevo, la mayoría de enfermos mentales graves vuelven a sus casas para ser cuidados por sus familiares bajo la supervisión ambulatoria delas áreas de salud correspondientes. Esto plantea inconvenientes para los familiares-especialmente en las ciudades-, pero ventajas para los pacientes.
Desde entonces hasta el día de hoy, la percepción social sobre la enfermedad mental ha cambiado definitivamente, aunque todavía hay profundas diferencias en temas como la integración laboral del discapacitado psíquico.
Hasta tal punto ha cambiado esta percepción, que hemos pasado al extremo opuesto; es decir, a lo que yo llamaría “la sublimación de la locura”. Este extremo, antiguamente patrimonio de artistas y creadores(no hace falta recordar las excentridades de determinados artistas,escritores, etc.), se ha extendido de forma alarmante. Está de moda ser loco, o parecerlo, que no es lo mismo, pero propaga determinadas conductas “de riesgo” o excéntricas, por ejemplo consumir sustancias psicoactivas sin receta médica en combinación con alcohol, etc,provocar actitudes de rechazo, casi delictivas, uso desmesurado de la violencia verbal…
Muchos medios de comunicación potencian la imitación de “modelos y comportamientos sociales”concretos, como los manifestados en los deportes profesionales: ya no es hacer deporte por el placer de hacerlo o de mantener un físico más saludable, sino hacerlo con la finalidad de emular al deportista de turno y comprar su marca de zapatillas o camiseta, imitar sus modales, por otra parte, casi siempre, groseros y maleducados.
También está de moda lo espiritual, el acceso a la interioridad humana sin saber muy bien de qué se trata, una búsqueda incesante ahora mercadeada por las corrientes tipo Nueva Era y por los gurús del sincretismo religioso efímero.
Está de moda la “moda” misma; comprar compulsivamente, a bajo precio si es posible, mala calidad, usar y tirar, una y otra vez.
Está de moda tomar tranquilizantes, hipnóticos, anfetaminas, y cualquier otro fármaco que potencie, estimule, anule, relaje o elimine vaya a saber usted qué.
Está de moda la cultura; pero no la elaborada sobre sólidas bases mitológicas, sino la cultura sin fondo, sin forma,permisiva,irreflexiva, hedonista. En ése ámbito cualquier cosa es válida y todo el mundo es culto.
Están de moda las dietas sanas,sobre todo si el consumidor se aprovisiona en tiendas que gustan de carísimos productos complementarios y sustitutivos de los alimentos tradicionales.
Están de moda las vacaciones, los fines de semana bucólicos en un rincón de nuestra variada geografía rural; pero deprisa, sin valorar la riqueza ancestral e histórico-ecológica del enclave que se visita, hay que verlo todo sin dar tiempo a que el paisaje penetre los propios corazones. Total, hay folletos magníficamente diseñados que nos lo explican todo y, en última instancia, se busca por internet.
Está de moda ganar tiempo al tiempo, y contar a los demás la cantidad de cosas que somos capaces de hacer, y después presumir de tiempo para hacer yoga o taichi, o voluntariado social: la vida perfecta.
Pero las estadísticas nos indican que estas modas, estos “estilos de vida”, suponen romper el equilibrio natural de nuestro organismo,incluida nuestra mente. No se critican las formas, sino el fondo de la cuestión, la base de lo que como mujeres y hombres podemos hacer, con independencia de presiones y estereotipos culturales.
La cultura, capaz de elevar el alma humana hasta cotas poco imaginables de conocimiento, también es capaz, malentendida, o haciendo un uso inadecuado de ella, de generar distorsión,problemas de convivencia,malestar y, por último, enfermedad. No hemos querido en este comentario entrar en el detalle de enfermedades concretas, sino de describir una situación general, desde una perspectiva -no exclusiva- antropológica.
Estamos seguros de que si somos capaces de limitar el poder de la cultura dominante (por ejemplo la fascinación que ejerce la televisión o los videojuegos) sobre nosotros, especialmente sobre la población más joven, la enfermedad mental lo tendrá más difícil para propagarse. Se trata, en suma, de desarrollar toda una nueva cultura de lo sano, que no pasa sólo por buenos consejos o programas educativos en las escuelas(siempre ineficaces frente a la propaganda mediática), sino por un aprendizaje global sobre la nueva imagen del hombre que queremos conseguir, su cultura, sus posibilidades y limitaciones.

Febrero 1, 2008 Publicado por J. L. Nava | Artículos | , , | 1 comentario

Batuecas: mito y vida

batuecas.jpg

Acostumbro pasear con frecuencia por el Valle de las Batuecas (surde la provincia de Salamanca y norte de Cáceres), por la paz que se respira todavía allí, y porque es el lugar ideal para cualquier apasionado por la antropología: en Batuecas se une la historia primitiva con los mitos ancestrales de valle, además del hermoso paisaje, aún conservado en todo su esplendor. Es, en definitiva, uno de esos sitios donde cualquier persona con interés por el medio ambiente,la historia y la cultura, puede explorar con la seguridad de no quedar defraudado.

Las Batuecas son, además, lugar tranquilo donde “desconectar” del bullicioso trajín cotidiano, sitio hasta el que no llegan las señales radioeléctricas de la telefonía celular, con lo que podemos perdernos,si quiera por unas horas, con la certeza de no ser molestados. Se trata, pienso yo, de la posibilidad de relajar nuestra mente y nuestro cuerpo buscando la belleza de la natura y el silencio imposibles de conseguir en las ciudades. Decía un amigo mío que el verdadero lujo del siglo XXI era el silencio, difícil de encontrar, pues bien, éste es uno de esos sitios privilegiado donde hallarlo.

Dicho esto, conviene añadir algunas palabras más sobre las Batuecas,especialmente por el paralelismo que puede encontrarse con noticias sobre el mundo “sobrenatural” que abundan en los medios de comunicación.

Así, en los suplementos dominicales editados por la prensa, como en otro tipo de publicaciones de información general, se recoge con insistencia todo ese conjunto de fenómenos raros, que se han dado en llamar -desde hace bastantes años- “parapsicológicos”. Yo los denomino,como acabo de expresar, “fenómenos raros”, porque aún la ciencia no ha encontrado explicaciones convincentes, y porque en muchas ocasiones setrata de cuestiones mal divulgadas, o simplemente poco estudiadas. La categoría taxonómica para lo parapsicológico es abrumadora por su extensión: desde los avistamientos OVNI, hasta sucesos demoníacos,pasando por todo un conjunto de sucesos tales como telequinesis, viaje astral, desdoblamiento, manchas con caras espectrales, ruidos de ultratumba, y un largo etcétera. Estas creencias se pueden rastrear en el “mito de Batuecas”, con otros nombres, claro está, pero siempre aludiendo a lo “mágico” como espacio indefinido donde el hombre es mera criatura temerosa de un mundo que no ve, pero “siente”, “oye” y “sueña”.

Ni que decir tiene que en el sustrato de este particular mundo de lo”oculto”, en las sociedades modernas, anida un negocio floreciente alimentado por la credulidad del ser humano, aún en este siglo XXI. Pero esto es asunto para otro comentario.

Batuecas, hasta hace unas pocas décadas, formaba parte de una comarca mucho más amplia denominada “Las Hurdes”, conjunto de pueblos y pequeñas aldeas aisladas prácticamente del resto del país, donde sus moradores llevaban una vida independiente, casi anónima, pues sólo a partir del siglo XIX las autoridades nacionales empiezan a preocuparse en cierta manera por la suerte de esas gentes, y no es hasta el advenimiento de la democracia en España, cuando con la creación de las Autonomías, las autoridades regionales dinamizan la comarca, dotándola de nuevas infraestructuras viarias, centros de salud, etcétera.

Es importante tener esto en cuenta, porque en Batuecas - Las Hurdes,igual que en otros pequeños puntos geográficos de la España moderna, se pueden encontrar formas de vida que eran parte de un pasado casi remoto.

Yo mismo he vivido en algunos de esos pueblos durante varios meses, yhe podido constatar este extremo y la presencia viva del mito en muchas de sus gentes.
En el siglo XIX, Madoz (Diccionario geográfico-estadístico-histórico), describe con bastante exactitud el valle:

Las Batuecas están aisladas de todo el terreno que las rodea; no tienen población ninguna, ni parece que allí haya tocado nunca la mano del hombre, si se exceptúan las dependencias del célebre convento de su nombre… Dicho terreno está cortado al sur por una cordillera de montañas, que se elevan repentinamente a considerable altura,ofreciendo en toda su prolongación varios puntos culminantes a manera de obeliscos, que amenazan sepultar cuanto existe a sus pies…

Hablando de la otra unidad biogeográfica -las Hurdes-, el mismo geógrafo Madoz en su diccionario, ya escribía a mediados del siglo XIX:

Esta alquerías se componen de varios grupos informes de casas, y éstas, que más pueden llamarse grutas o pocilgas, se construyen cavando en la tierra todo su recinto interior, para elevar las paredes en el exterior, tanto menos cuando mayor es la profundidad que resulta… En el interior constan estas casas de 2 espacios; en el primero, o sea, en el de la entrada, se coloca el miserable jumento, o 4 ó 6 cabras que algunos tienen; y el segundo se ve lleno la mayor parte de camadas de helechos secos, que sirven para el descanso, quedando un trecho para el fuego.

La descripción que se hace de los habitantes de estas tierras es cruel en ocasiones:

Habitado el país por una raza degenerada e indolente, ni aun se conocen los oficios más necesarios a la vida. Su ocupación se reduce a pedir limosna por las provincias inmediatas, lo mismo los hombres que las mujeres y niños… En sus casas no hay muebles de ninguna clase.Para cama se destina un grueso tronco de un árbol ahuecado y relleno de helechos, en donde duerme la familia entera sin distinción de edades ni sexos… Sus alimentos son tan escasos como nocivos… Hombres y mujeres son de baja estatura y de un aspecto asqueroso y repugnante,aumentando con la palidez y miseria que asoma a sus rostros… La religión es desconocida, el abandono de sus costumbres casi salvajes,la abyección e indolencia que produce su miseria, la escasez de párrocos y la falta absoluta de maestros de primera educación, les hace inmorales en alto grado.

En fin, muchos otros datos podemos encontrar en este y en otros autores de la época, sin duda alguna exagerados, pero que reflejaban una buena parte de la realidad social de estas comarcas.

El Dr. Gregorio Marañón, en su famoso viaje con el rey Alfonso XIII en1.922, recogió datos mucho más precisos para reconstruir la verdadera sociedad de las Hurdes y de las Batuecas: una población con graves carencias sanitarias (enanismo, cretinismo, bocio endémico, etc.),culturales y alimenticias. Por tanto, el Valle, o mejor dicho, los Valles de este enclave ecológico, fueron desde temprana fecha lugar para la leyenda y el mito, que aún perviven en las gentes más ancianas de aquellos pueblos.

Un primer testimonio de estos mitos -por otra parte aún ignoramos la raíz concreta de ellos- proviene del testimonio aportado por Lope de Vega en su comedia “Las Batuecas del Duque de Alba”, donde es muy probable que el genial escritor recogiera leyendas que ya circulaban en las ciudades sobre las Batuecas.

Estos mitos se basan en la creencia en lo demoníaco y mágico, en la presencia de criaturas horribles que se escondían en los densos bosques de encinas, alcornoques, etc., hasta el punto que se pensaba que el mismo demonio intervenía en los asuntos corrientes del hombre. Mitos alimentados por la precaria situación sociocultural del pueblo. Hay leyendas que recogen -inclusive- el rapto o secuestro de bellas mujeres por parte de criaturas abominables, etcétera.

En realidad, una parte importante de estos mitos pueden ser comprobados también en otras culturas más o menos aisladas.

Batuecas y las Hurdes fueron lugar ideal para propagar estas creencias por el aislamiento, como he dicho, y por la extraordinaria configuración geográfica de los valles, presentado profundas cuevas,cárcavas, bosques tupidos imposibles de penetrar, etcétera. No en vano,los valles fueron poblados en el Neolítico, como lo prueban las pinturas rupestres encontradas en diversas cuevas, y hoy muy deterioradas debido a los pocos escrúpulos de algunos visitantes y turistas.

Pero los mitos acaban transformándose, diluyéndose, evaporándose en las sociedades, muchas veces se sustituyen por otros mitos y leyendas, o se actualizan los anteriores. En todo caso, el mito permanece en la conciencia individual y colectiva. Es una forma de acceso a las profundidades del propio misterio humano.

El mito de las Batuecas inicia su declive con la presencia de los Carmelitas en el Valle a partir del año 1599. Su estilo de vida ermitaña, contemplativa, de profunda oración, vino a inyectar sabia nueva a las poblaciones cercanas, que veían en el monasterio fundado por los Padres Carmelitas un lugar santo alejado de espíritus, demonios y criaturas más o menos malignas.
Hoy, convertido en “Parque natural y bien de interés cultural”, las Batuecas se enfrentan a otro problema: el del uso masivo del espacio como destino turístico, hasta ahora bien controlado por la guardería forestal de allí.

Como dije al principio, en Batuecas se pueden encontrar la paz, la historia, el mito, la soledad y el silencio. Es una comunión con la naturaleza que nos reconcilia con nuestro propio ser.
Como seres humanos, aún arrastramos la dimensión mítica, la leyenda que nos transporta a otros mundos, quizá queridos o ansiados. En ellos, sin la manipulación comercial de los buscadores de historias sensacionalistas, podemos encontrar la belleza de la Humanidad.

Enero 31, 2008 Publicado por J. L. Nava | Artículos | , , , , | 2 comentarios

El agua, fuente de vida

agua.jpg

Encontramos el agua en la naturaleza en un movimiento ininterrumpido,cambiando de color según la luz recibida, percibiendo su sonidos en numerosos matices casi polifónicos, unos suaves y tranquilizantes para el espíritu humano, otros casi violentos, tormentosos, destructores y,a la postre, creadores. El agua es un elemento poderoso, percibido por muchas culturas como un ente con vida propia, capaz de infundirla o de quitarla. Psicológicamente es comprensible que la convirtamos en un principio básico y vivificador. Somos, en gran parte, agua, al igual que el planeta que nos da sustento.Cuando se afirma que el agua es necesaria para la vida, estamos diciendo que él mismo es vida y que en ésta puede desarrollarse cualquier elemento viviente.

Así las cosas, la historia de las culturas nos dice que este elemento se contempla en casi todas ellas como la materia prima creadora, la más excelsa. Contiene todo lo que es posible y necesario,la madre vital de todas las madres, y con ello todas las posibilidades de crecimiento y desarrollo. El agua es culturalmente un bien sagrado,digno casi de recibir una atención venerable, purificador para el hombre que siente cierta mancha interior, capaz de expiar faltas, o deservir para la regeneración espiritual. En definitiva, el agua constituye todo un acervo de símbolos y significados culturales y religiosos, que se han manifestado como poderosos aliados del ser humano.

Pero el agua es algo más: nos sacia la sed, nos limpia, mantiene en cierto equilibrio la humedad del ambiente, riega los campos que nos proveen de alimentos, etcétera.

La transformación de la tierra por parte del hombre constituye también, de facto, una utilización distinta del agua. Al introducirse procesos industriales en la fabricación de determinados utensilios y herramientas, el agua cumple una función mecánica, física, alejada del simbolismo inicial. El agua se convierte en parte fundamental de la revolución industrial y tecnológica. Hoy muchas actividades, desde la más sencilla fábrica de ladrillos, hasta las centrales nucleares,pasando por la transformación agropecuaria, etc., donde el agua es utilizada como catalizador, refrigerante, limpiador, etc. Su uso es necesario en estos procesos, lo que implica un consumo mayor y, por ende, un daño para el propio agua, que sufre la contaminación.

Paralelamente el crecimiento de las poblaciones humanas y de las ciudades, de sus necesidades, de la transformación de los campos de secano en regadíos, de las infraestructuras generales de cada país,hacen que el agua se contemple ya como un bien escaso, necesario de proteger, amparar y legislar.

Pero el ser humano no puede olvidar sus raíces, ni el beneplácito de este elemento, que junto con la tierra, el fuego y el aire, formaba parte de los ciclos míticos y del entendimiento en la Antigüedad del mundo. Y se busca, en los países ricos (los del tercer mundo constituyen un problema de sobreexplotación del que ya hablaremos en otro momento) el acercamiento al agua, el uso y disfrute de sus propiedades. Se vuelve la mirada sobre sus bienes medicinales,terapéuticos, relajantes. Se buscan balnearios, lugares de reposo,instalaciones termales incluso construidas en las propias ciudades. Se potencia de nuevo la cultura del agua. En suma, volvemos al inicio dela vida, que es el agua, caldo primigenio. Y elaboramos una nueva percepción simbólica, una reconstrucción mítica que trata de eliminar nuestro comportamiento perjudicial con el líquido elemento. Hay que protegerlo. La psique humana, capaz de enormes adaptaciones, no puede vivir sin este acercamiento al agua, no puede aislarse y tener conocimiento de él sólo cuando lo bebemos envasado o directamente del grifo. Tampoco es válido ya las vacaciones fugaces en una playa para ver el mar. Se busca algo más, un encuentro autentico y pleno con el agua, que es naturaleza, porque donde hay agua pura, hay paisaje sin contaminar, equilibrio y armonía, belleza y paz.

En 2.005 la Asamblea de Naciones Unidas inició el “Decenio Internacional para la Acción: El agua, fuente de vida”, que se desarrollará hasta 2.015.

Esperemos que estas medidas, junto con el cumplimiento de las legislaciones medioambientales de la Unión Europea y de otras instituciones nacionales e internacionales, sean eficaces instrumentos para proteger este bien escaso imprescindible para la vida.

Enero 30, 2008 Publicado por J. L. Nava | Artículos | , , , , , | No hay comentarios

¿Por qué fracasan las campañas de sensibilización ambiental?

contaminacion.jpg

Durante los últimos veinticinco años la preocupación por el deterioro del medio ambiente ha ido en aumento; sin embargo, no así el progresivo desastre ecológico, que en algunos aspectos presenta tintes dramáticos.

Recuerdo las batallas sin fin que unos pocos emprendíamos contra la política forestal del famoso ICONA (Instituto para la Conservación de la Naturaleza), o los enfrentamientos casi diarios para la protección de la fauna.

En aquellos años se fraguó el incipiente movimiento ecologista, merced a la crisis del petróleo y sus consecuencias, y a diversas iniciativas protagonizadas por instituciones como Naciones Unidas y científicos independientes que con su denuncia pública lograron introducir conceptos como “deterioro ambiental”, “crisis ecológica” y otros.

Resulta ocioso en este momento presentar un resumen de esta lucha por la defensa del medio ambiente, puesto que ha sido magníficamente documentada y divulgada.

Conviene, por tanto, centrarse en lo que bajo mi punto de vista considero como un estrepitoso fracaso ecologista: la lucha por la conservación de nuestra biosfera acumula más derrotas que victorias. Y, lo que es peor, el futuro sólo puede ser contemplado con un elevado grado de incertidumbre, a pesar de los intentos de muchos científicos, e incluso de algunos políticos, por intentar cambiar las cosas.

Los ciudadanos tenemos en este tiempo presente más información que nunca sobre numerosos temas, uno de ellos el medioambiental: documentales en televisión, noticias en prensa, radio, internet, espacios informativos dedicados íntegramente a informar sobre los problemas de la naturaleza, suplementos periodísticos, etcétera.

A la par, los planes de estudio recogen estos problemas y son estudiados, o cuando menos presentados, en los ciclos formativos obligatorios de enseñanza primaria y secundaria.

En último lugar, se ha articulado y puesta en marcha toda una legislación preventiva y penal que tipifica el “delito ecológico”, con la creación de unidades policiales como el SEPRONA de la Guardia Civil en España, especializada en la prevención y persecución de este tipo de delitos.

Por tanto, podemos deducir, la información está ahí, al alcance de cualquiera, al menos en los países desarrollados. Todos tenemos un conocimiento elemental de lo que está pasando en el planeta. Pero las cosas no mejoran.

Por poner algunos ejemplos:

- La superficie forestal se está reduciendo a un ritmo creciente, inclusive aplicando políticas de forestación masiva.

- Muchas especies animales están al borde de la extinción, bien por un efecto directo de determinadas actividades humanas (caza furtiva, cebos envenenados, turismo masificado a enclaves ecológicos, etc.), bien por efectos indirectos (crecimiento urbanístico, vertederos incontrolados, infraestructuras que destrozan los ecosistemas, contaminación, etc.)

- Las aguas de ríos y mares pierden calidad año tras año. Los vertidos sin depurar ilegales, la sobreexplotación de acuíferos, los vertidos legales pero gravemente tóxicos, el uso casi indiscriminado de las zonas costeras para potenciar la industria turística, y otros muchos problemas, la mala gestión del agua, que en España se agudiza por los períodos de sequía, cada vez más prolongados y un largo etcétera de problemas que afectan a la calidad del agua.

- La obtención de energía, y no sólo mediante la industria nuclear, sino las instalaciones eólicas, con el inconveniente para la fauna y el paisaje.

- El crecimiento incontrolado de las ciudades, basado en una especulación urbanística del suelo sumamente corrupta, donde lo que importa es el negocio inmediato.

- La contaminación de la atmósfera y del aire que respiramos.

- La contaminación invisible que representan las radiaciones electromagnéticas de telefonía celular, radiofrecuencias, antenas repetidoras, etc.

- Los aditivos alimentarios, muchos de ellos con potenciales efectos cancerígenos y también adictivos.

- La introducción de nuevos hábitos alimentarios y de consumo compulsivo, que representan una merma en la salud de las personas y la emergencia de nuevas enfermedades.

En fin, la lista podría ser casi interminable.

Ante este panorama, resulta justificado preguntarse por la eficacia de las campañas de sensibilización ambiental, sean llevadas a cabo por algunas instituciones públicas o por ONGs y organizaciones ecologistas.

¿Somos tan ciegos para no darnos cuenta del efecto de nuestras imprudencias?, ¿acaso miramos para otro lado pensado que “la naturaleza todo lo puede” y nunca habrá un colapso ambiental?, ¿o bien hay toda una serie de mecanismos hábilmente encubiertos que tienden a manipular la actividad del individuo hasta el punto de olvidarse del grave deterioro ambiental?

Personalmente, y teniendo en cuenta las investigaciones sobre psicología social y cognitiva, antropología y aprendizaje, sociología, etc., me decanto por afirmar que nuestra sociedad está conducida hacia un modelo que podemos denominar “crítica ciudadana de baja intensidad” (CCBI).

Esto es, los ciudadanos conocemos el impacto de nuestras actividades, podemos inclusive criticar determinadas políticas, protestar ante desastres ecológicos de gran magnitud, firmar manifiestos y otras proclamas; pero poco después, continuamos con los mismos estilos de vida, que implican numerosos abusos del entorno y olvidamos los sistemas de producción altamente destructores que garantizan nuestro supuesto bienestar. Es más, adquirimos potentes coches, participamos del turismo de masas, nos alimentamos con preparados alimenticios que no requieren elaboración, nos lanzamos a una carrera por ganar tiempo al tiempo, creyendo que así prosperaremos más,…

Pocas veces se racionaliza la CCBI, por el gran poder manipulador de los medios de comunicación y de las grandes corporaciones industriales transnacionales.

El ciudadano corriente busca, ante todo, el bienestar personal, traducido en un mayor poder adquisitivo, más tiempo para el ocio y para el consumo.

De forma paralela, los expertos en mensajes publicitarios utilizan todos los hallazgos neurocientíficos para ejercer coerción mediante la publicidad. Es un complejo mecanismo cognitivo que acarrea la modificación del pensamiento y, por consiguiente, de los comportamientos.

Unido a ello, la ocultación sistemática de todo tipo de estudios científicos, especialmente en los campos de la epidemiología ambiental, la física de altas energías, la virología e ingeniería genética, con la creación de registros y laboratorios blindados donde sólo unos pocos investigadores pueden tener acceso, bajo estrictos controles, muchas veces en manos militares y, cuyos experimentos y resultados siempre son, cuando menos discretos y pocas veces publicados en revistas u otros medios de comunicación.

Enero 24, 2008 Publicado por J. L. Nava | Artículos | , , | No hay comentarios