ANTHROPOS

Hoces del Riaza. Un parque natural en peligro

El día 08 de Junio Televisión Española emite por su segunda cadena a las 12 de la noche, un documental sobre el guarda de honor del Refugio de Rapaces de Montejo, D. Hoticiano Hernando Iglesias. Este espacio natural, hoy convertido en Parque Natural por la Junta de Castilla y León, está atravesando una serie de dificultades de conservación que hacen peligrar la tarea emprendida hace más de tres décadas. Por este motivo, hemos emprendido diversas acciones de denuncia, tanto en los medios de comunicación como en los estamentos públicos: Defensor del Pueblo y Procurador del Común de Castilla y León.

Se puede obtener más información sobre el Refugio en la web de Naturalicante.

Añadimos un artículo del Dr. Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo, sobre la historia de este importante enclave de la naturaleza española.

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El 13 de enero se cumplieron 33 años de la inauguración del Refugio de Rapaces de Montejo, y del Refugio limítrofe del embalse de Linares, administrados respectivamente por WWF/Adena y por la Confederación Hidrográfica del Duero, en las hoces del Riaza y su entorno (términos de Montejo y de Maderuelo). Otra parte de las hoces corresponde al término de Valdevacas. Y todo el paraje forma parte de una amplia zona natural del nordeste de Segovia, sur de Burgos y suroeste de Soria; que, como escribió Daniel Magnenat, “es completamente excepcional, de valor internacional”.

Ya vamos quedando muy pocos, de los naturalistas que vivimos la gestación del Refugio. Y que podemos dar fe de la ilusión que lo hizo posible, junto con la enorme generosidad por parte de muchas personas y entidades (desde habitantes de los pueblos, hasta la Diputación de Segovia; desde los Ayuntamientos, hasta el grupo de empresas Pascual; y un larguísimo etcétera). Sin esa generosidad, unida a la belleza de sus paisajes repletos de vida, no podría entenderse el especial encanto del Refugio, el motivo por el que tantas personas (de dentro y de fuera de España) le han dedicado tantos esfuerzos, sin buscar ninguna recompensa material. Esa entrega por completo desinteresada no sólo produjo un seguimiento de la fauna extraordinariamente riguroso y prolongado (en algunos aspectos, seguramente como en muy pocos espacios naturales en el mundo). También permitió mantener el Refugio, lo que resultó mucho más difícil todavía que crearlo, pues los problemas parecían a veces insalvables. Los que hemos vivido su historia increíble sabemos que ha sido real, aunque ahora intenten borrarla algunos de los que más agradecidos deberían estar.

El último año, 2007, ha sido especialmente triste para el Refugio, en muchos aspectos. Y no me refiero sólo a los envenenamientos habidos en sus proximidades (uno de los cuales fue el más grave de su historia), ni a la reducción de sus poblaciones de rapaces, ni a lo desastrosa que resultó la temporada de cría (con los resultados más bajos de los quince últimos años, e incluso de los 33 últimos años en el caso del alimoche), ni a lo agresivas que han resultado algunas actuaciones realizadas en el Parque Natural, ni al fracaso casi total en los nidos de las peñas cuya parte superior es frecuentada por visitantes. Tampoco aludo únicamente al desprecio (que ha llegado a ser una auténtica burla) del que hemos sido objeto, por parte de ciertos cargos u organismos oficiales (no todos, desde luego) que deberían velar por la conservación, los naturalistas del Fondo, que llevamos mucho tiempo procurando estudiar y defender esas tierras; así como otras personas que se han atrevido a oponerse a ciertos planes de la actual dirección del Parque Natural, y a pesar del respaldo del Defensor del Pueblo a nuestra postura.

El año también ha sido triste por otros motivos. Destaca la muerte, no por anunciada menos dolorosa, del extraordinario naturalista suizo Daniel Magnenat, el único ornitólogo (de más de un millar que han realizado estudios en el Refugio, y según la información que conocemos) que consiguió descubrir en esas tierras nidos de aves tan escasas o tan esquivas como la curruca tomillera, la alondra de Dupont, el pico menor, el escribano hortelano, el arrendajo, etcétera. Fue también el primero que localizó en el Refugio nidos ocupados de otras especies, desde el águila culebrera hasta el alcaudón real; y el único que registró allí aves tan raras en Castilla y León como la terrera marismeña o la garcilla cangrejera. Las magníficas fotografías que Daniel obtuvo siguen siendo, para la mayor parte de los vertebrados salvajes (e incluso para no pocos invertebrados), las mejores que hemos conocido en la comarca durante 33 años, a pesar de que en el Refugio han trabajado varios de los principales fotógrafos de naturaleza de diferentes países.

Casi todos los años, ese hombre bueno, que había estudiado los animales salvajes en otros muchos lugares del mundo (llegó a observar 1.546 especies de aves, entre Europa, Asia, África y América), pasaba semanas enteras en aquellos páramos castellanos que tanto amaba, estudiando y defendiendo la fauna con paciencia y entrega sorprendentes, a pesar de las inclemencias del tiempo y de su mala salud. No recibía nada a cambio, realizó además donaciones económicas para el Refugio, y tuvo incluso la increíble generosidad de enviar copia de sus rigurosos informes (o de sus fotos en la zona) a todas aquellas personas o entidades que los pidieron. Algunas de sus fotos han sido portada de revistas especializadas nacionales o internacionales; y otros trabajos suyos han figurado en diferentes libros, monografías o congresos científicos.

En Suiza, Daniel ha sido objeto de un reciente homenaje, de la sociedad ornitológica. Nosotros le hicimos otro en Montejo y en Aranda de Duero, aún en vida; y dedicamos en 2007 el último censo de otoño, así como la última Hoja Informativa sobre el Refugio (Nº 31, de 314 páginas), a Daniel Magnenat y a David Gómez. Además, les dedicamos a ambos, así como a los magníficos guardas de WWF/Adena en el Refugio (Jesús Hernando y su padre Hoticiano, actual guarda de Honor), las III Jornadas sobre Buitres, curso de verano de la UNED celebrado en Plasencia (Cáceres), con participación de varios de los principales expertos de distintos países; y cuyas conclusiones, aprobadas por unanimidad, han tenido amplia resonancia, lo que sin duda refleja la preocupación general que existe por estas aves.

Por cierto, es justo agradecer el bonito gesto espontáneo que tuvo la Vicedecana de Ciencias Ambientales, enviando a los citados guardas unas cartas oficiales de agradecimiento por su larga y abnegada labor, que además resulta de especial importancia en la situación actual de los buitres. Destacamos asimismo la colaboración de la Asociación Cultural y del Ayuntamiento de Montejo, que cedieron amablemente sus instalaciones para el censo de otoño.
También debemos seguir agradeciendo el trabajo desinteresado y la ayuda generosa de cientos de naturalistas. Sus datos e investigaciones permitieron, en 2007, confirmar por fin la presencia en la zona de especies tan interesantes como el extraño murciélago rabudo (gracias a José Luis Armendáriz y Alberto Fernández), o incluso registrar alguna nueva como el migrador fumarel cariblanco (observado por Javier Vitores, Consuelo Bellella y Xavier Parra).

En este sentido, el Refugio sigue pareciendo un filón inagotable, a pesar de todo el trabajo hecho allí; y reflejado ya en 43 congresos científicos (17 de ellos internacionales), 699 trabajos o informes naturalistas (sin contar los relativos a los censos, que son muchos más), cuatro tesis doctorales y distintos proyectos fin de carrera, docenas de miles de páginas de apuntes o de fotografías, 20 premios, 237 charlas o conferencias, 17 títulos o figuras de protección, 181 programas de televisión y 421 de radio, y 2.985 publicaciones de todo tipo (incluyendo varias de las principales revistas científicas o divulgativas del mundo, sobre estos temas).
Precisamente una de estas publicaciones, el espléndido libro “Uñas de cristal” sobre las rapaces españolas, apareció en 2007, como la obra póstuma del inolvidable David Gómez, con más de 90 colaboradores. Contiene más de ocho páginas dedicadas al Refugio de Montejo, donde se relatan algunas de las tremendas luchas a las que debe su supervivencia; y se resalta “el enorme sacrificio realizado, por muchísimas personas de variada procedencia, para que pueda seguir existiendo”. Ya en 1980, Damián Arguch escribió que “el fin del Refugio no ocurrirá así como así, mientras quede gente enamorada de él”. Veinticinco años después, el mismo ornitólogo destacó que el Refugio ha sido “una escuela de ilusión”.
En uno de sus libros, el Dr. Valverde afirmó que Doñana “ha dejado ya una huella tan profunda que parece imborrable”. Salvando las grandes distancias, en algunos aspectos quizás no resulte exagerado decir algo parecido del Refugio de Rapaces; que ha aportado, como escribió Borja Heredia, “una valiosísima información para la conservación y gestión de otros enclaves análogos en todo el mundo”.

Y sigue teniendo una profunda influencia, como muestra todo el apoyo que hemos recibido, en nuestra lucha contra la proyectada “senda larga”, por parte de reconocidos ornitólogos (incluyendo todos los participantes en las mencionadas Jornadas sobre Buitres, y muchos otros) y de variadas asociaciones (desde el Fondo Amigos del Buitre en Aragón, hasta Ecologistas en Acción de Extremadura; desde la Coordinadora Ornitológica de Asturias, hasta la Federación Andaluza de Asociaciones para la Defensa de la Naturaleza; desde la Sociedad para la Conservación de los Vertebrados, hasta el Grupo Espliego de la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono; desde ÁNDALUS, hasta GREFA; y desde el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes, hasta el Grupo Europeo del Buitre Leonado, sin olvidar el grupo local AFFA; y bastantes más).

El Refugio (y su entorno) no sólo alberga la mayor colonia de buitres que se conoce (y la más estudiada). También ha aglutinado a muchas personas que trabajan sinceramente por defender la naturaleza salvaje, que se enfrenta a graves amenazas (a veces, paradójicamente, en nombre de la conservación); pero que debe mantener su equilibrio, su fuerza, y su profunda belleza.

Dr. Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo

Presidente del Fondo para el Refugio de las Hoces del Riaza

Junio 7, 2008 Publicado por J. L. Nava | Al tiempo de mi camino, Previsiones | , , , , , , , , , , | 1 comentario

El agua, fuente de vida

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Encontramos el agua en la naturaleza en un movimiento ininterrumpido,cambiando de color según la luz recibida, percibiendo su sonidos en numerosos matices casi polifónicos, unos suaves y tranquilizantes para el espíritu humano, otros casi violentos, tormentosos, destructores y,a la postre, creadores. El agua es un elemento poderoso, percibido por muchas culturas como un ente con vida propia, capaz de infundirla o de quitarla. Psicológicamente es comprensible que la convirtamos en un principio básico y vivificador. Somos, en gran parte, agua, al igual que el planeta que nos da sustento.Cuando se afirma que el agua es necesaria para la vida, estamos diciendo que él mismo es vida y que en ésta puede desarrollarse cualquier elemento viviente.

Así las cosas, la historia de las culturas nos dice que este elemento se contempla en casi todas ellas como la materia prima creadora, la más excelsa. Contiene todo lo que es posible y necesario,la madre vital de todas las madres, y con ello todas las posibilidades de crecimiento y desarrollo. El agua es culturalmente un bien sagrado,digno casi de recibir una atención venerable, purificador para el hombre que siente cierta mancha interior, capaz de expiar faltas, o deservir para la regeneración espiritual. En definitiva, el agua constituye todo un acervo de símbolos y significados culturales y religiosos, que se han manifestado como poderosos aliados del ser humano.

Pero el agua es algo más: nos sacia la sed, nos limpia, mantiene en cierto equilibrio la humedad del ambiente, riega los campos que nos proveen de alimentos, etcétera.

La transformación de la tierra por parte del hombre constituye también, de facto, una utilización distinta del agua. Al introducirse procesos industriales en la fabricación de determinados utensilios y herramientas, el agua cumple una función mecánica, física, alejada del simbolismo inicial. El agua se convierte en parte fundamental de la revolución industrial y tecnológica. Hoy muchas actividades, desde la más sencilla fábrica de ladrillos, hasta las centrales nucleares,pasando por la transformación agropecuaria, etc., donde el agua es utilizada como catalizador, refrigerante, limpiador, etc. Su uso es necesario en estos procesos, lo que implica un consumo mayor y, por ende, un daño para el propio agua, que sufre la contaminación.

Paralelamente el crecimiento de las poblaciones humanas y de las ciudades, de sus necesidades, de la transformación de los campos de secano en regadíos, de las infraestructuras generales de cada país,hacen que el agua se contemple ya como un bien escaso, necesario de proteger, amparar y legislar.

Pero el ser humano no puede olvidar sus raíces, ni el beneplácito de este elemento, que junto con la tierra, el fuego y el aire, formaba parte de los ciclos míticos y del entendimiento en la Antigüedad del mundo. Y se busca, en los países ricos (los del tercer mundo constituyen un problema de sobreexplotación del que ya hablaremos en otro momento) el acercamiento al agua, el uso y disfrute de sus propiedades. Se vuelve la mirada sobre sus bienes medicinales,terapéuticos, relajantes. Se buscan balnearios, lugares de reposo,instalaciones termales incluso construidas en las propias ciudades. Se potencia de nuevo la cultura del agua. En suma, volvemos al inicio dela vida, que es el agua, caldo primigenio. Y elaboramos una nueva percepción simbólica, una reconstrucción mítica que trata de eliminar nuestro comportamiento perjudicial con el líquido elemento. Hay que protegerlo. La psique humana, capaz de enormes adaptaciones, no puede vivir sin este acercamiento al agua, no puede aislarse y tener conocimiento de él sólo cuando lo bebemos envasado o directamente del grifo. Tampoco es válido ya las vacaciones fugaces en una playa para ver el mar. Se busca algo más, un encuentro autentico y pleno con el agua, que es naturaleza, porque donde hay agua pura, hay paisaje sin contaminar, equilibrio y armonía, belleza y paz.

En 2.005 la Asamblea de Naciones Unidas inició el “Decenio Internacional para la Acción: El agua, fuente de vida”, que se desarrollará hasta 2.015.

Esperemos que estas medidas, junto con el cumplimiento de las legislaciones medioambientales de la Unión Europea y de otras instituciones nacionales e internacionales, sean eficaces instrumentos para proteger este bien escaso imprescindible para la vida.

Enero 30, 2008 Publicado por J. L. Nava | Artículos | , , , , , | No hay comentarios

¿Por qué fracasan las campañas de sensibilización ambiental?

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Durante los últimos veinticinco años la preocupación por el deterioro del medio ambiente ha ido en aumento; sin embargo, no así el progresivo desastre ecológico, que en algunos aspectos presenta tintes dramáticos.

Recuerdo las batallas sin fin que unos pocos emprendíamos contra la política forestal del famoso ICONA (Instituto para la Conservación de la Naturaleza), o los enfrentamientos casi diarios para la protección de la fauna.

En aquellos años se fraguó el incipiente movimiento ecologista, merced a la crisis del petróleo y sus consecuencias, y a diversas iniciativas protagonizadas por instituciones como Naciones Unidas y científicos independientes que con su denuncia pública lograron introducir conceptos como “deterioro ambiental”, “crisis ecológica” y otros.

Resulta ocioso en este momento presentar un resumen de esta lucha por la defensa del medio ambiente, puesto que ha sido magníficamente documentada y divulgada.

Conviene, por tanto, centrarse en lo que bajo mi punto de vista considero como un estrepitoso fracaso ecologista: la lucha por la conservación de nuestra biosfera acumula más derrotas que victorias. Y, lo que es peor, el futuro sólo puede ser contemplado con un elevado grado de incertidumbre, a pesar de los intentos de muchos científicos, e incluso de algunos políticos, por intentar cambiar las cosas.

Los ciudadanos tenemos en este tiempo presente más información que nunca sobre numerosos temas, uno de ellos el medioambiental: documentales en televisión, noticias en prensa, radio, internet, espacios informativos dedicados íntegramente a informar sobre los problemas de la naturaleza, suplementos periodísticos, etcétera.

A la par, los planes de estudio recogen estos problemas y son estudiados, o cuando menos presentados, en los ciclos formativos obligatorios de enseñanza primaria y secundaria.

En último lugar, se ha articulado y puesta en marcha toda una legislación preventiva y penal que tipifica el “delito ecológico”, con la creación de unidades policiales como el SEPRONA de la Guardia Civil en España, especializada en la prevención y persecución de este tipo de delitos.

Por tanto, podemos deducir, la información está ahí, al alcance de cualquiera, al menos en los países desarrollados. Todos tenemos un conocimiento elemental de lo que está pasando en el planeta. Pero las cosas no mejoran.

Por poner algunos ejemplos:

- La superficie forestal se está reduciendo a un ritmo creciente, inclusive aplicando políticas de forestación masiva.

- Muchas especies animales están al borde de la extinción, bien por un efecto directo de determinadas actividades humanas (caza furtiva, cebos envenenados, turismo masificado a enclaves ecológicos, etc.), bien por efectos indirectos (crecimiento urbanístico, vertederos incontrolados, infraestructuras que destrozan los ecosistemas, contaminación, etc.)

- Las aguas de ríos y mares pierden calidad año tras año. Los vertidos sin depurar ilegales, la sobreexplotación de acuíferos, los vertidos legales pero gravemente tóxicos, el uso casi indiscriminado de las zonas costeras para potenciar la industria turística, y otros muchos problemas, la mala gestión del agua, que en España se agudiza por los períodos de sequía, cada vez más prolongados y un largo etcétera de problemas que afectan a la calidad del agua.

- La obtención de energía, y no sólo mediante la industria nuclear, sino las instalaciones eólicas, con el inconveniente para la fauna y el paisaje.

- El crecimiento incontrolado de las ciudades, basado en una especulación urbanística del suelo sumamente corrupta, donde lo que importa es el negocio inmediato.

- La contaminación de la atmósfera y del aire que respiramos.

- La contaminación invisible que representan las radiaciones electromagnéticas de telefonía celular, radiofrecuencias, antenas repetidoras, etc.

- Los aditivos alimentarios, muchos de ellos con potenciales efectos cancerígenos y también adictivos.

- La introducción de nuevos hábitos alimentarios y de consumo compulsivo, que representan una merma en la salud de las personas y la emergencia de nuevas enfermedades.

En fin, la lista podría ser casi interminable.

Ante este panorama, resulta justificado preguntarse por la eficacia de las campañas de sensibilización ambiental, sean llevadas a cabo por algunas instituciones públicas o por ONGs y organizaciones ecologistas.

¿Somos tan ciegos para no darnos cuenta del efecto de nuestras imprudencias?, ¿acaso miramos para otro lado pensado que “la naturaleza todo lo puede” y nunca habrá un colapso ambiental?, ¿o bien hay toda una serie de mecanismos hábilmente encubiertos que tienden a manipular la actividad del individuo hasta el punto de olvidarse del grave deterioro ambiental?

Personalmente, y teniendo en cuenta las investigaciones sobre psicología social y cognitiva, antropología y aprendizaje, sociología, etc., me decanto por afirmar que nuestra sociedad está conducida hacia un modelo que podemos denominar “crítica ciudadana de baja intensidad” (CCBI).

Esto es, los ciudadanos conocemos el impacto de nuestras actividades, podemos inclusive criticar determinadas políticas, protestar ante desastres ecológicos de gran magnitud, firmar manifiestos y otras proclamas; pero poco después, continuamos con los mismos estilos de vida, que implican numerosos abusos del entorno y olvidamos los sistemas de producción altamente destructores que garantizan nuestro supuesto bienestar. Es más, adquirimos potentes coches, participamos del turismo de masas, nos alimentamos con preparados alimenticios que no requieren elaboración, nos lanzamos a una carrera por ganar tiempo al tiempo, creyendo que así prosperaremos más,…

Pocas veces se racionaliza la CCBI, por el gran poder manipulador de los medios de comunicación y de las grandes corporaciones industriales transnacionales.

El ciudadano corriente busca, ante todo, el bienestar personal, traducido en un mayor poder adquisitivo, más tiempo para el ocio y para el consumo.

De forma paralela, los expertos en mensajes publicitarios utilizan todos los hallazgos neurocientíficos para ejercer coerción mediante la publicidad. Es un complejo mecanismo cognitivo que acarrea la modificación del pensamiento y, por consiguiente, de los comportamientos.

Unido a ello, la ocultación sistemática de todo tipo de estudios científicos, especialmente en los campos de la epidemiología ambiental, la física de altas energías, la virología e ingeniería genética, con la creación de registros y laboratorios blindados donde sólo unos pocos investigadores pueden tener acceso, bajo estrictos controles, muchas veces en manos militares y, cuyos experimentos y resultados siempre son, cuando menos discretos y pocas veces publicados en revistas u otros medios de comunicación.

Enero 24, 2008 Publicado por J. L. Nava | Artículos | , , | No hay comentarios